Nuestros Viajes

Mal momento para una fobia.

La tarde del último día en Varanasi decidimos coger un bus local para viajar de noche y llegar a la frontera con Nepal por la mañana, pero al llegar a la estación de autobús el agobio empezó a pasarme factura. La estación estaba hasta arriba de gente, y los autobuses no eran como los que nos llevaron a Ajmer y para colmo se llenaban hasta los topes. Entramos en uno al que le faltaba media hora para salir, no estaba muy lleno, y cogimos los asientos finales con nuestras mochilas pues no se porqué pero no podíamos dejarlas en el maletero. Empezó a entrar gente, más de la que cabía, para mi gusto. Acabamos con las mochilas encima de las rodillas, ¿cómo íbamos a ir diez horas en esas condiciones? Seguía subiendo gente, empujones, discusiones, la luz de la estación se fue, las ventanillas tenían barrotes y apenas se podían abrir, el calor empezaba a ser sofocante, olor al sudor, eructos de algunos tíos desagradables y entre ellos, uno miró a Tania con una sonrisa de cabrón y le dijo que se levantara, aquí lo de las mujeres y los niños primero se lo pasan por… Tania giró la mirada hacia a mí y yo no aguanté más, odio las aglomeraciones de gente y tampoco a capullos arcaicos, sean de la religión que sean, son sus costumbres, no las nuestras. Me puse en pié y le dije a Tania y a Nico que nos fuéramos, que tenía que salir de ahí, no podía aguantar un minuto más, ni mucho menos tantas horas. Es una sensación muy desagradable, tenía la boca seca, sentía que me faltaba el aire, que el autobús se hacía más pequeño y es entonces cuando la mente te juega una mala pasada y empiezas a pensar que no vas a poder salir, que estás atrapado.

El pasillo central estaba bloqueado y la gente seguía subiendo, acoplándose en cada espacio, hueco o rincón. Me puse en pié, Tania preocupada me siguió y Nico flipando también. La gente no se movía, era imposible, me miraban atónitos y me decían, vete a saber qué, pero me daba igual necesitaba salir. Con la mochila grande delante y la pequeña detrás empecé a empujar como un astado hasta que la gente se fue apartando. Diez metros, seis, cuatro, dos, ya en la escaleras para salir entró un hombre cabreado que me decía cosas de las que sólo entendí el pueblo de destino, pero que no se quitaba de en medio, le miré a los ojos y le dije: “Please, i need to go out”, al verme de tal manera se apartó, pudiendo respirar tranquilo mientras les pedía perdón a Tania y Nico por mi actitud.

La fobia que tengo a las aglomeraciones de gente en espacios pequeño, hacía unos cuantos años que no me daba, es una sensación horrible y a veces incontrolable. Si, lo sé, tengo que aprender a dominarlo pero es que en situaciones así me supera.

Ahí estábamos otra vez en el andén de la estación. Tania tranquilizándome, Nico no daba crédito y me ofreció una pastilla para que cuando subiéramos en el siguiente autobús me quedase dormido, pero no me hacía mucha gracia tomármela y no enterarme de nada y además hacer que Tania estuviese al cuidado de todas las mochilas, por lo que no me la tomé. Llegó el siguiente autobús y más de lo mismo, me era imposible subir, tan solo el hecho de pensar hacerlo me llevaba de vuelta al agobio. Pero ¿qué hacer?, teníamos que ir. Barajamos la posibilidad de ir en avión, pero salía muy caro. Fuimos a una agencia de viajes que ofertaba buses turísticos pero no salían hasta el lunes siguiente, era jueves, ¿qué podíamos hacer? Teníamos que estar en la frontera por la mañana porque de ahí la capital de Nepal habían doce o más horas y no nos apetecía llegar de noche.

La pregunta a realizarse a continuación, que no nos planteamos hasta bastante después, era ¿por qué tanta prisa? Habíamos planeado estar un mes en la India y sólo llevábamos dos semanas. La respuesta venía del otro lado del charco, Nicolás. Como nos llevamos tan bien con él, y él, válgame la redundancia, sólo tenía un mes para estar por este lado del mundo, pues nos acoplamos sin querer a su ritmo de viaje, quizá, si hubiésemos ido al nuestro, hubiéramos esperado al lunes siguiente y tan tranquilos hubiéramos ido en bus un poco más caro y más cómodo. Aunque a decir verdad, nosotros también teníamos ganas de salir de la India, nos gustaba, si, pero nos agobiaba, además nos habían hablado tan bien de Nepal que queríamos verlo cuanto antes y aunque no estaba en los planes de Nico le “convencimos” para que nos fuéramos juntos.

Me sentía culpable por no estar de camino hacia Sonauli, eran las 20:33 y habíamos salido de la Guest House a las 18:14. Algo tenía que hacer para salvar la situación de desconcierto. De modo que pillé a un taxista por banda y le pregunté si nos llevaba por unas, bastantes, rupias (de las que yo pagué la mayor parte). Al oír lo que le ofrecíamos, el taxista accedió pero con la condición de que viniese un compañero suyo, pues el camino era largo y encima de noche.

La apreciación que tienen aquí sobre los caminos largos y las distancias en coche son bastante diferentes a las nuestras. De Varanasi a la frontera con Nepal hay 238 km, que, en estados de carretera normales se traduce a unas dos horas treinta minutos, más o menos, a una media de 100 km/h. El problema es que ni las carreteras son como las nuestras, ni la conducción es como la nuestra y si le añadimos que, para mi, ninguno de los taxistas había salido de Benarés, que el que hablaba un poco de inglés estaba un tanto “colgao” y que no llevaban mapa para saber por donde narices se llegaba a nuestro destino, el resultado fue que a las cuatro de la mañana nos encontrábamos en mitad de ningún sitio, en una carretera sin una maldita luz, en una carretera sin una maldita señal y en una carretera que, como era normal a esas malditas horas de la mañana, no se encontraba un alma para preguntarle nada. De modo que fue peor el remedio que la enfermedad y para colmo la que se estaba poniendo nerviosa era Tania y cuando se despertó, Nico, (se tomó un cuarto de la pastilla que me ofrecía y durmió como un lirón), él también se incomodó con el entorno. La lié parda, por no saber controlar la situación en el bus en la que era yo el único que se sentía mal y arrastré a los dos a agobiarse en una situación peor de la que no sabíamos ni donde, ni cómo acabaríamos.

En una parada para ir al baño, Tania tuvo la excelente idea de sacar una brújula que nos había dado su padre. Sabíamos que debíamos ir hacia el norte y estábamos en dirección al este y gracias a eso conseguimos indicar al conductor el camino a seguir hasta que, salido de la nada, un cartel nos enseñó la luz y llegamos a la frontera a la cinco y media de la mañana. Una frontera a oscuras, sin un control de nada, hasta tuvimos que preguntar donde teníamos que sellar al pasaporte de salida de India y de entrada en Nepal. Cruzamos la frontera cuatro veces hasta encontrar una puerta verde del lado de India y despertar al de aduanas, que nos sellara e ir a despertar al de Nepal para lo mismo, pero en ambos países son muy tranquilos para lo que no les interesa y están siempre con el Shantee Shantee (tranqui tranqui).Por fin, a las 7:44 cogíamos el autobús local hacia Kathmandú, pequeño, estrecho, incómodo pero con muy poca gente y que aunque a mitad de trayecto se llenase bastante (alguno que otro iba sentado en el suelo del pasillo) no tuve ningún problema de agobios, llámalo control mental, o mejor dicho, cansancio corporal.

Tras veinticuatro horas de viaje (ocho en taxi, catorce en bus y el resto a pie) conseguimos llegar, agotados, a la estación de autobuses de Kathmandú.

9 comentarios

  1. Roberto

    pufff Juano, como se tuercen a veces las cosas, eh? lo bueno es que al final salen, te enriquecen y algo se aprende.

    Nepal, prepárate!!

  2. Mayra

    Hola chicos les cuento que no me pierdo ninguna de sus historias y esta ultima juan si que los has pasado mal de todas formas si no fuera por tu agobio no tuvieras esta historia jiji ten en cuenta que todo tiene su recompeza y seguro que en nepal todo ira de lo mejor pasenlo bien un saludo a tani un beso M y M

    • Hans Paytubí

      GRACIAS CHICOS!!!
      Espero que tu hombre siga tirando fotos a diestro y siniestro y que tú sigas intentando que la gente se case jajaja
      BESOS FUERTES!!!

  3. Franinnn

    tio no sabia lo del agobio… tiene q ser chunguisimo, la verdad q tmpco me gustan absolutament nada las aglomeraciones de gente (excepto si es en una disco rodeado d chicas guapas, tu y shabess jajjajaja) juan a relajarse y a respirar hondo en esos momentos, y tania, lo que ai q aguantar eh? jajjaja
    un bsoteeee

  4. Maz

    Yo tampoco me fiaría de Tania cuidando de las mochilas… jeje
    ánimo que anda que no estáis oliendo, quiero decir, conociendo nuevas sensaciones

    Abrazos

    • Hans Paytubí

      Lo de «estar oliendo» lo dices por la diarrea eh guarrete?
      Cuídate lo tuyo!!!
      UN ABRAZO Y UN BESO PARA RACH!!!

  5. Roberto

    Comunico que oficialmente Juan se ha hecho budista y Tanía superActriz en Bollywood

    • Hans Paytubí

      Estoy empezando por quedarme calvo, ya veré que hago con las telas con las que visten porque me hacen gordo jajaja.
      Hemos visto un colegio sólo de niños (obvio) budistas…

  6. gloria

    recuerdo un concierto al que fuisteis hace siglos que te tuviste que salir por lo mismo, creo… yo pensé que mejor no ir al de bon jovi por si me daba a mi ese problema (ademas de porque papa y mama no me dejaban)

Deja una respuesta

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *