Nos vamos a dar una vuelta

Nuestros Viajes

A los pies de los Annapurnas, Pokhara.

Shyam, que va a ser nuestro contacto en Nepal para las próximas veces que vengamos, nos sacó los billetes para esta población de buena y tranquila fama que se encuentra a los pies de los Annapurnas y a la que llegamos tras ocho horas de un tourist-bus bastante cómodo. Lo de tourist-bus no significa que sólo sea para turistas, lo cogen también los nepalíes, si no que hace referencia a que es de mejor calidad que los locales (como en el que vinimos desde la frontera hasta la capital), que son muy pequeños y bastante incómodos como para pasar otras tantas horas ahí.

Las carreteras podían ser de tierra, piedra, barro o semi-asfaltadas, esta, en concreto, era de todo junto. En teoría de doble sentido pero aún intento saber como consiguen pasar un bus y un camión por un camino de cabras. Tiempo después hemos leído que ha habido un accidente, en no se que zona de India, en la que han muerto varias personas al caerse un vehículo por la ladera de una montaña, se ve que estas carreteras, las de Nepal también, son de las más peligrosas del mundo, este detalle es para no preocupar a la gente, pero que no cunda el pánico, que como decía Gila: “ aún no ha llegado nuestro momento… pero como sea el del conductor…” Bromas macabras a parte, comentar que no hemos pasado por carreteras tan chungas como la del accidente, los buses van por lo que ellos llaman highways (autopistas) en la que en ningún momento hemos visto ni sentido peligro real de nada. Llegamos a la estación y al bajar, otra vez el lio de gente agobiando para que cojas su taxi o que vayas a su hotel y bla bla bla… Nos decantamos por uno que nos llevó a una guest que no nos gustó y optamos por una recomendación de la guía que nos llamó la atención por su nombre: “Yeti Guest House”. Un sitio muy acogedor y barato, seis euros por día, situado en la zona turística, the Lake Side, y en la carretera principal que cruza esa zona, con un jardincito agradable y en donde no se escuchaba mucho follón, salvo por algún que otro vecino de la guest que nos dio el coñazo hasta las tres de la mañana.

Llegué a Pokhara otra vez un poco tocado del estómago por la cena que nos dimos de despedida con los franceses. Algo me cayó mal y me pasó factura unos días…menuda cagada… nunca mejor dicho, no salgo de una y me meto en otra…el delicadito que me dice Tania, de modo que otra vez a dieta. He acabado tan hasta las narices de comer arroz blanco que lo aborrecí, yo, aborreciendo el arroz, fíjate, y hasta que pude encontrar un sitio donde no me hicieran un filete de pollo a la plancha que no fuera de color rojo, tela, y encima me decían que no tenía nada picante… no te jode, ¿desde cuando un filete de pollo es rojo?. Cuando ya me hube recuperado, nos hicimos frecuentes de un restaurante vegetariano nada picante que nos encantó y hasta hacíamos las tres comidas allí.

Anochecer en The Lake Side

El barrio de Lake Side de Pokhara está descaradamente hecho para el turista y que está increíblemente limpio, ¡hasta hay papeleras!. Con un montón de tiendas, de difícil regateo, con un montón de restaurantes con música en directo, con un montón de supermercados y con centros de turismo de aventura, de alquiler de bicis y motos, de trekking, de vuelos en ultraligeros, de saltos en paracaídas o parepentes y actividades acuáticas ya que Pokhara dispone de un lago enorme, the Fewa´s Lake, de aguas mansas y no muy lejos de ríos rápidos.

Había de todo con un montón de opciones y precios. Quisimos hacer un treking de unos días por la zona norte, Jomsom, pasando los Annapurnas, pero al final desistimos porque nos salía muy caro o eran de muchos días y nuestra condición física estaba un poco así así. Optamos por hacer nuestros propios trekkings para ver lo más interesante que nos quedaba más a mano. Decidimos pues, subir por el monte a ver la World Peace Stupa, pero yo aún no estaba muy católico y a mitad de camino empecé a sentir mal y nos volvimos.

Un día después, ya bastante mejor, decidimos dar la vuelta al lago bordeándolo y de paso subir a la Stupa. Fue un camino muy bonito y atajamos por una parte del lago que se estrechaba bastante como para poder pasarlo en un bote tirando de una cuerda de una orilla a otra.

Al llegar al otro lado nos encontramos con una gran extensión de tierras, que suponemos eran arrozales, llenas de vacas y cebús y que cruzamos esquivando mierdacas (mierdas de vacas) hasta llegar a la ladera de la montaña y adentrarnos en la “jungla”. Subimos, subimos, subimos y creo que subimos y cuando, nos dimos cuenta, nos encontrábamos en un caminito por el verde y frondoso monte con unas vista preciosas, con el lago, el pueblo, las montañas y los Annapurnas nevados mostrándose con todo su poderío.

Sube que sube, trepa que trepa.

En un descanso nos encontramos con una mujer que estaba llevando unos cuantos kilos de leña con unas cuerdas atadas que cargaba con una tela sobre la frente y subía tan tranquilamente y encima nos saluda con una sonrisa como si lo que llevaba no pesase lo más mínimo, y es que aquí todo lo llevan con la cabeza o tirando de frentocha (frente tocha). En mitad de la nada habían un par de casas donde vivían unas cuantas familias y en un árbol del camino, arriba, en lo más alto de la copa seca, un hombre de cincuenta y tantos años cortaba ramas que caían al sendero. Un oportuno “namaste” puso en aviso al hombre de que nos encontrábamos por ahí, paró, nos miro, sonrió y nos indicó el camino para la cima.

Pero la cima se alzaba vertiginosamente y cuando nos disponíamos a subir, vimos a un tío bajar y nos desalentó comentándonos que nos quedaban aún tres horas de pateo por el monte, y nosotros que pensábamos que nos quedaba poco, ilusos. Eran las tres, en tres horas ya empezaba a oscurecer y no sabíamos cuanto tardaríamos en bajar, por lo que, como tampoco teníamos comida (que gente más preparada ¿eh?), decidimos dar la vuelta y volver sobre nuestros pasos. De bajada nos topamos con un grupo de niños que venían del colegio, que vivían en las montañas y que al menos tardaban dos horas en llegar y tan contentos. Y pensar que nosotros teníamos el cole al lado de casa y nos quejábamos y ellos tan tranquilos, de cachondeo y nos piden golosinas o pinturas, que rabia no haber tenido más colores o más galletas, si vieseis qué cara de alegría…

Al final volvimos, sin haber logrado ir a la Stupa pero contentos de haber dado ese largo paseo que nos dejó hechos polvo.

La siguiente ruta que hicimos fue la de ir a ver unas cuevas hacia el norte de Pokhara. Cogimos un autobús que creíamos que nos iba a dejar cerca de Mahendra´s Cave pero en su lugar nos dejó en el barrio de Mahendra a dos horas andando de las cuevas, se ve que no nos entendió bien el chico que cobra en el bus.

Hablando de este chico os voy a comentar cómo funcionan los autobuses locales por aquí. Son un poco más ordenados que en la India, es decir, no abren las ventanas desde fuera y tiran las mochilas para coger sitio, o entran entre empujones por donde pueden. Hay un cierto orden. La gente se sube, y se sientan ocupando todos los rincones, incluso al lado del conductor. Cuando ya no hay sitio para depositar el culo, la gente va de pie, pero cuando crees que ya no cabe nadie más, aún entran diez personas, y si no, pues se suben al techo o se agarran a las barandillas de la puerta con un pie dentro y el otro colgando. Puede parecer agobiante y me sorprende que aún no me haya dado ningún agobio de los míos, pero hemos aprendido el truco y es coger el bus en la cabecera y entonces pillas asiento de ventana seguro. Lo curioso de todo es que el ticket no lo compras en ningún establecimiento ni le pagas al conductor, si no que hay un chico, que suele ser muy joven, de quince años máximo, que va subiendo y bajando en cada parada, gritando el destino del bus y golpeando la chapa para indicar al conductor que ya están todos arriba o que falta alguien por subir. En una mano lleva unos cuantos billetes doblados a lo largo y la otra libre para irse agarrando donde puede, pues muchas veces se sube en marcha. Yo no se cómo lo hace, pero se acuerda de quién ha pagado y quién no y va cobrando en ruta, moviéndose como puede entre toda la gente, y si a alguno no alcanza por dentro, en una parada sale y le cobra por la ventanilla o sube al techo para cobrar a los de arriba o espera a que se bajen para cobrarles abajo. Son un auténtico espectáculo.

Tras dos horas de pateo cruzando los barrios por las calles de la ciudad que para nada es pequeña, llegamos a la población en donde nos encontramos con la primera cueva, the Bath´s Cave, lo escribo como lo vimos escrito, que yo pensaba que quería decir “La cueva de los baños” y pensé: “qué gracia, una cueva llena de agujeros… así acertamos de fijo”, pero otra colleja de Tania me hizo comprender.

 Para entrar tuvimos que pagar 95 Rs y además 200 Rs por un guía que sin él no podíamos pasar. Se vino con nosotros con una linterna pues nos se veía nada y pensamos que no estaría mal que nos contara cosas de la cueva. El chico dijo que nos cobraba más barato que al resto porque él era estudiante, pero no se de qué porque no tenía mucha idea de lo que estábamos viendo. Tania le preguntó sobre el tipo de piedra de la cueva, si era caliza o qué y él le contestó: “this is stone”. La cueva es increíble, muy abrupta y resbaladiza, estaba llena de pequeñas estalactitas que iban goteando. De repente nos dijo que guardáramos silencio, alumbró hacia el techo y ahí colgados habría unos cuatrocientos murciélagos echando la siesta, nunca habíamos visto tantos, es más, creo que yo nunca había visto uno y menos tan cerca.

Nos llevó por un pasillo hacia un primer piso, nos metimos por un hueco minúsculo por el que no se veía mucho, no se donde coño alumbraba el tío, y tras hacer una mini escalada salimos a la misma altura que los murciélagos y nos recorrió un escalofrío por la espalda, estábamos tan cerca, que si hubiésemos querido podríamos haberlos tocado, pero ni de coña. Ahí nos dimos cuenta de que el chico tampoco sabía mucho de los bichos, porque le preguntamos qué tipo de murciélagos eran y nos dijo: “the small bats”, también le preguntamos cuan antigua era la cueva, a lo que nos contestó: “a few years ago”, o no tenía ni idea de la cueva, o sabía menos inglés que nosotros. Pese al chico, salimos de la cueva contentos y con ganas de ver la de Mahendra que en la guía decía que era más grande, ¿cual fue nuestra sorpresa? que nos cobraron sólo 40 Rs por los dos, nos dan un ticket y la cueva estaba dentro de un parque muy cuidado y bonito. Algo no cuadraba, por lo que le comentamos al de la taquilla lo que habíamos pagado en la otra y puso cara de: “os han timado”. Teníamos que haber pagado sólo 90 Rs los dos con la linterna y si queríamos pues que cogiéramos un guía. La madre que les parió. Qué coraje que me dio, no por el dinero, si no por hacerme sentir como un idiota. Le comenté al señor que iba volver para hablar con ellos y él me dijo, que sólo fuera a hablar. Lo que me hizo mucha gracia, como si yo fuera a pegar a alguien. Al final no fuimos.

Maendra´s Cave resultó ser más grande y larga y nos lo pasamos bien si no hubiese sido por unos niños cabrones que no pararon de tocarnos las narices intentando asustarnos, gritando y corriendo.

El troglodita de la caverna

Hay dos tipos de niños por estos parajes: los normales y simpáticos, que te miran, sonríen con los mocos colgando, te piden chocolates y que dan ganas de llevártelos a todos; y los niños con una cara rara, como de haber vivido muchas vidas, de saber demasiado para la edad que tienen, nosotros los llamamos “niños viejos”, sabemos que son niños porque son pequeños pero la cara la tienen como si fueran más que mayores, viejos, viejos y cabrones, parece que estén poseídos por algún dios maligno, solo verles ya te cagas y encima te quieren sacar la pasta como sea y a estos dan ganas de mandarlos lo más lejos posible. El primer “niño viejo” lo vimos en Varanasi, al otro lado del Ganges y pensamos que era un caso aislado, pero al verlos en otros sitios dedujimos que era algo normal en zonas rurales y que había que diferenciarles.

En un extremo de la cueva, tras mandar a los “niños viejos” a cagar al monte, nos encontramos a un hombre mayor sentado en una silla, con un abrigo gordo, pues hacía algo de frio y una humedad considerable. “Trabajaba” ahí contando que la roca que tenía enfrente era una figura natural de Ganesh (hijo de Shiva, el de la cabeza de elefante) y que la gente venía por la cueva a rezarle, miramos y en seguida vimos la silueta con la trompa y todo. El señor nos bendijo poniéndonos la marca roja en la frente, nos dijo que nos veía personas inteligentes y nos deseó una larga vida. Le dimos la voluntad y salimos de la cueva con buen karma.

En los tres días siguientes dimos una vuelta por el lago en un bote de remos alquilado, vimos el templo que hay en el centro en una pequeña isla, pateamos la ciudad “de pe a pa” y tras ver la Devi´s Fall (que para mi querían llamarla the Devil´s Fall pero se olvidaron de la “L”) una cascada muy bonita y muy profunda, decidimos hacer una excursión casi obligada a todo el que se quede en Pokhara. Ver el amanecer desde lo alto de una montaña, Sarangkot. Despertamos a la cinco de la mañana, vino a buscarnos un taxi del hotel para llevarnos al punto más alto de la ciudad, pensábamos que estaba más lejos y que tardaríamos mínimo tres cuartos de hora y que amanecería a eso de las seis y media, pero fueron quince de trayecto y el sol salía a las siete y poco. Nos tocó esperar en la explanada que hacía sus veces de helipuerto. Hacía un frío de mocos colgando, menos mal que había un pequeño bar en donde nos tomamos un té con leche que nos calentó el cuerpo. En un abrir y cerrar de ojos aparecieron, de tres autobuses, hordas de chinoneses (chinos y japoneses), como si fueran orcos marcados con la mano blanca de Saruman, que en lugar de la mano llevaban casi todos una mascarilla blanca, yo creo que duermen con ellas. Estaban armados con sus cámaras de fotos y en su defecto con el móvil de ultimísima generación (que llegaran a España en dos años), con guantes (algunos de sólo el pulgar libre, menudas fotos iban a tirar), con gorros de todas formas tamaños y colores y con sus abrigos de hace treinta años. No se distinguía si eran niños, jóvenes o mayores, pero todos estaban muy nerviosos con el dedo en el disparador. Acabamos nuestro té y fuimos a coger sitio.

Cuando empezaron los Annapurnas a iluminarse de un color rojizo con los primeros rayos de sol, empezó la guerra. Movimiento, empujones y pisotones para pillar el mejor sitio para la mejor foto. Entre todo este lío se veían de vez en cuando algún que otro nepalí y occidentales flipando con los chinoneses más que con la salida del sol. El amanecer fue increíble. Las fotos hablan por sí solas.

Con cara de sueño.

Cuando hubo acabado el espectáculo, decidimos volver andando bajando por un camino de cabras que cruzaba supuestamente toda la ladera sin pérdida alguna. Lo malo es que el camino al rato se dividía en tres y una niña que había por ahí nos indicó por cual a cambio de un par de caramelos, pero me da que fueron pocos los caramelos, porque después de bajar un buen trecho se acababa radicalmente. Aún puedo escuchar las risas de la chica que sin duda era una “niña vieja”, qué crueles son los niños. De todas formas seguimos bajando por donde podíamos y resultó divertido ir cruzando y saltando campos de cultivo de “nosabemosque” con unas flores muy bonitas. En un momento dado, de la nada apareció un niño que, tras ver que no era un niño normal, nos acompañó por la “jungla”, pasando al lado de su casa, hasta enseñarnos el camino verdadero. Sacamos unas rupias y se las dimos, pero las miró extrañado, levantó la vista y nos pidió caramelos, chocolates o lápices de colores. Lástima que no tuviésemos mucho de todo eso pero él se fue contento, hasta se prestó a acompañarnos hasta la ciudad pero nos supo mal y se fue a su casa.

Por ese camino disfrutamos de la naturaleza viendo de todo, hurones salvajes, monos cabrones por los árboles, loros, pájaros de muchos colores, arañas etc… A los pies de la montaña encontramos el cauce de un rio seco que nos llevó a pasar cerca de una casa. Un colombiano muy majete nos invitó a tomar un té y a conocer a su mujer, de Suiza, y sus dos hijos pequeños que correteaban en pelotas por el terreno. Llevaban ya tiempo por Nepal y vivían de su tierra y de una tienda que estaban poniendo en la ciudad. Gente muy relajada y muy hippies que vivían con unos ciento veinte euros al mes, qué educaban a sus propios hijos sin llevarlos a la escuela y que ellos se sentían más ricos fuera del sistema que cualquier otro ricachón de las ciudades con tantos vienes materiales. Me dio qué pensar, por un lado me gustaría poder vivir así, alejado de la sociedad y del sistema, viviendo de la tierra, pasando con lo mínimo y siendo feliz con eso, pero creo que al final querría algo más y echaría de menos cosas, cosas materiales, si, pero que por otro lado también me hacen sentir feliz, que son mis hobbies y mi futuro. Para vivir de esa manera tendría que renunciar a muchas cosas, como a este y a otros futuros viajes, a nuevas experiencias y nuevas sensaciones. Está claro que el sistema es una mierda, pero hemos crecido en él y no nos engañemos, por mucho que queramos alejarnos siempre formaremos parte. Sólo tenemos una vida y hay muchas cosas que ver, hacer y sentir. Quiero llegar a viejo, mirar atrás, ver todo lo que he vivido y sentirme feliz de haberlo hecho.

Pasaron ocho días casi sin darnos cuenta y todavía no habíamos visto la World Peace Stupa, así que, pasara lo que pasara, a la mañana siguiente nos levantaríamos pronto y… no pudimos hacer nada. Una tromba de agua acompañada de unos truenos que hacían vibrar el suelo nos encerraron en la habitación hasta que pasase… pero no pasó. Nunca había visto llover de esa manera veinticuatro horas. Salimos a desayunar, volvíamos a la guest. Salimos a comer, volvíamos a la guest. Salimos a cenar y nos dejó media hora para poder dar un paseo por el lago y nos fuimos a dormir, deseando que nuestro último día en Pokhara no lo pasásemos por agua.

Valió la pena esperar un día de lluvia porque amanecimos en el día más claro y despejado que habíamos visto allí. Cámaras, agua y mochilas a la espalda para quitarnos la espina.

Caminamos bordeando el lago, pasamos un puente colgante sobre un río donde los locales lavaban sus ropas y a ellos mismos, bordeamos un frondoso monte y pisé una mina antipersonas o mierda de vaca de gran tamaño oculta bajo hojas secas (que seguro escondió la “niña vieja”, la muy cabrona quería verme de mierda hasta el tobillo. Aún oigo sus risas, que crueles son los niños).

El camino se metía hacia el monte, y bien metido. Tras unas dos horas de subidas y bajadas, entre árboles y arbustos, caras largas de Tania pues estaba tocada de sinusitis, de desaparecer el camino y volver a aparecer, de subir aún más diciendo que era por ahí sin tener ni puta idea y de sentir en la espalda los puñales que tenia Tania en la mirada, llegamos a la cima.

La paliza mereció la pena, las vistas increíbles, la Stupa preciosa, el Budha enorme y las mil fotos (exactas) que sumamos en los diez días en esta encantadora ciudad nos hicieron marchar con poca gana, pero sabiendo que volveremos más tarde o más temprano y con suficientes lápices, golosinas y chocolates para cualquier niño con una de sus preciosas sonrisas.

7 Comentarios

  1. Jose y Marisa

    23/02/2012 at 19:23

    Esto se merece un largo comentario. ¡¡Que fotos!! y ¡¡Que experiencias!!. Se te nota la sangre en la espalda de los puñales de Tania. Tu estas volviendote un Descartes cualquiera. Eso de saber apreciar las pequeñas cosas ya lo decía Groucho Marx: una pequeña fortuna, una pequeña mansión, un pequeño yate. . .
    ¡¡Que crueles son los niños!! ¡¡y una mierda!!. Los paisajes de que disfrutais son una maravilla, aunque alguna vez os perdais por esos parajes inóspitos. Yo no me veo cruzando ese puente colgante ni de coña ni tampoco subiendo, subiendo y subiendo… para luego tener que bajar, bajar y bajar otra vez, pero hay que reconocer que quien algo quiere, alo le cuesta.
    Nos impresiona mucho eso de que los niños rechacen las rupias y pidan caramelos y pinturas. Los europeos son más materialistas.
    Por lo que parece sabeis mucho inglés, papá necesita de mis traducciones para entender algunas cositas.
    Curioso lo que cuentas de los “cobradores” del autobus. Antiguamente ocurría algo parecido por nuestros lares con los cobradores del tranvía.
    Nada más, ¡ah, si! este finde no estaremos en casa porque tenemos un cursillo con la parroquía, os lo decimos por si pensabais venir a comer, jaja.
    Muchos muuaakkss y seguid disfrutando del viaje. Cuando seais viejos lo recordareis y se lo contareis a vuestros sobrinos.

    • y traerán una tele de plástico con las fotos de juan dentro para ir clicando y viéndolas a contraluz, como los abuelos y todos sus viajes.
      supongo que los niños quieren caramelos porque eso se lo quedan ellos el dinero se lo tienen que dar a sus padres y se quedan sin nada…jejejeque no son tontos, si acierto a la primera me quedo con la peseta pero ya no me lo repiten…(como el tonto del chiste)

  2. Arantxa Ezcurra

    25/02/2012 at 12:06

    Juan, menudo viaje! ya veo que lo estáis pasando divinamente. Las fotos son impresionantes. Sigue contándonos vuestras aventuras! muchos besos y a seguir disfrutando. Arantxa

  3. por ahora te pego este enlace para que veas las carreteras del himalaya en india Emma me reclama asi que tengo que dejar esta entrada a medio leer ya la retomare…besos
    http://www.youtube.com/watch?v=ez8LUGqqDQ8&feature=related

  4. Bueno ya es domingo por la mañana y Emma está con papa, en la cama, descansando después de tomarse la papilla, ya estudié un rato y todo. así que no tengo mucho tiempo antes de que se despierte de nuevo y pida parque.
    Me encanta esta entrada, que fotos mas guapas y que caminos mas chulos, que envidia mas grande… hace siglos que no camino así de tiempo por el monte las sardinas tralara.
    lo de los niños viejos (me encantó el apodo) podrían ser niños que se “doparan” y eso los avieje y por supuesto les haga buscarse los cuartos para el próximo dopaje? o quizá tienes razón y tan solo son niños con mucha vida a cuestas pero sanisimos.
    Por lo que cuentas hay que ir con ojo para que no te la claven por la espalda y no lo digo por Tania si no por la cueva, hay que joerse, pero claro una vez renovado el karma no tienes ganas de ir a pelearte con nadie hablando, aunque podrías haber recuperado la pasta del guía, por lo que sabía solo estudiaba la manera de estafar a mas gente por mas dinero.
    muchos besos

  5. Que bueno Juan!!, respecto a tus reflexiones sobre el sistema. Más tarde o más temprano terminaremos los que mejor como el tío que has visto y los que peor no me lo puedo imaginar. Luego habrá una minoría que estará obscenamente bien.
    Las cosas están muy mal y van a ir a peor porque para que otros sigan creciendo (que de eso se trata, de crecer) el resto tenemos que seguir bajando.

    Estoy disfrutando mucho con vuestras aventuras.

    PD: Se comenta que si haces una foto a un “niñx viejx” le quita un megapixel a la cámara 😛

    • Hans Paytubí

      29/02/2012 at 8:05

      JAJAJAJA le hice una foto a uno en Varanasi pero estaba haciendo un baile raro y sale con una mano en la cara. Hay una leyenda que dice que nunca se le ve la cara a un “niñx viejx” nunca saldrá en una foto…salió en 4º Milenio….
      No sabía que mi pequeña reflexión sobre el sistema iba a dar tantos coments, eso es bueno.
      Espero que dentro de lo mal que están las cosas vosotros estéis bien.
      MUAKS para los dos y achuchón para Zoel que tiene una risa muy guapa….

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