Nos vamos a dar una vuelta

Nuestros Viajes

Un Visado, un Museo y un Bus de Primera Clase

Nos despertamos. Algún que otro escalofrío aún corría por el espinazo de Tania cuando recordaba esa araña de cinco patas. Preparamos todo y de nuevo a la marcha. A eso de las once menos algo estábamos esperando el bus que nos llevaría a Surat Thani para coger el tren que nos llevaría de nuevo a Bangkok donde solicitaríamos los visados para Myanmar. Pero el autobús no llegó. Una hora y poco después, cuando la incertidumbre se empezaba a apoderar de nosotros, apareció lo que llaman aquí mini-van, que viene a ser una furgoneta de doce plazas. Unas dos horas más tarde llegábamos a esa ciudad de la que sólo conocíamos dos calles; la del puerto y la de la estación de tren.

Train-Pano-Station

El tren era como cabía esperar, retro o mejor dicho vintage, con las persianas de metal y algo incómodo pese a tener asientos reclinables.

Train-to-Bangkok-pasillo

Había lo que podemos llamar el “Hombre de Ley”, realmente eran dos o tres de seguridad pero sólo a uno se le podía llamar; “Hombre de Ley”. Era un tipo muy delgado que vestía con uniforme militar verde, con sus galones en el pecho y todo el kit del buen “Hombre de Ley” amarrado al cinturón; llevaba esposas, gas pimienta (aquí creo que son de gas chilli), porra extensible y hasta pistola, siendo la máxima autoridad del ferrocarril. Controlaba todo lo que ocurría. Se pasó toda la noche caminando entre los vagones vigilando, pedía los billetes y algún que otro pasaporte si dudaba de alguien. Hacía cumplir la ley en su tren con una sonrisa en la cara que no sé si era debida a que disfrutaba de su trabajo o a lo apretados que llevaba los pantalones.

TRain-Bangkok-Vias-Cruz

En una parada subió una pareja de alemanes y ambos sacaron unas cervecitas mientras picoteaban unas patatas. Desde el otro extremo del tren, el ruido de las latas al abrirse y el olor amargo a cerveza, puso en alerta al “Hombre de Ley” que, con paso lento pero firme, se personó ante la pareja recto como un palo, agarrándose el cinturón con ambas manos y sacando pecho: “Is not allow drink alcohol in the train… grab the cans and follow me, please”. Aunque el alemán le comentó que en su país si que se podía beber cerveza en el tren y que en seguida se las acababan, el “Hombre de Ley” lució su sonrisa y le repitió: “Follow me please”. El germano se puso en pié, cogió las latas y siguió a aquel hombre al que doblaba en tamaño hasta la zona de entre vagones.

Train-bangkok-Both

Con el ruido no conseguimos oír con claridad lo que decían pero, al poco, el bigardo alemán se bebió las dos latas de un trago ante la inquebrantable mirada del “Hombre de Ley”. Tras un chascarrillo sobre el tema, que le sacó una pequeña carcajada bien estudiada, el “Hombre de Ley” acompañó al alemán a su sitio, miró a su alrededor, miró la mochilita de Tania, nos dijo: “Take care with your bag” y despareció con paso firme por donde había venido. El resto del trayecto pasó sin ningún altercado, porque ¿quién se atrevería con el “Hombre de Ley” ?

Train-Station-Bangkok

Llegamos a Bangkok y seguimos las flechas para ir al baño, que resultó ser como el “Bibliobus” pero para orinar, algo así como el “PiPiBus”.

Train-station-Bangkok-PIPI

Tras desayunar un bollito y un café enorme con un poco de asco por ver a una mujer quitándose los piojos mientras dos ratillas le rondaban, nos fuimos directos a la embajada de Myanmar. Llegamos pronto pero ya había cola, bastante. Sin saber muy bien porqué, una chica que estaba bien posicionada, nos empezó a saludar como si nos conociera para colarnos tras ella y así lo hicimos, pero realmente fue por no hacerle el feo. Mientras esperábamos a que abrieran, compramos y rellenamos las hojas para solicitar el visado en una furgoneta un poco más allá de la embajada. Lo llevaba un matrimonio y lo tenían muy bien montado, con su ordenador, su impresora y si te faltaban fotos te las hacían con su cámara compacta, las retocaban, las imprimían y las pegaban en tu solicitud en un periquete. Menudo negocio a las puertas de la embajada y dentro de una furgo.

Embassy-Furgo

Todo fue relativamente rápido y con todo hecho y los recibos para recoger los pasaportes dos días después en los bolsillos nos fuimos en metro a nuestro alojamiento. Esta vez fuimos a un hotel llamado Bangkok 68. Aparentemente era fácil de encontrar y así era pero, según las indicaciones de internet, nos bajamos una parada después de la que realmente era y nos tocó patear un rato bajo el astro rey que no perdonaba ni las sombras.

El hotel era prácticamente nuevo, la de recepción una borde de narices y a la habitación le faltaban algunos acabados pero estaba de lujo.

Bangkok-68

Lo divertido fue cuando encendimos el aire acondicionado. Empezó a soltar agua por todos lados. Bajamos a comentárselo a la borde y a ver si nos podía cambiar a otra pero no habían más habitaciones. Nos tocó esperar a que viniera el chapuzas a repararlo. Comimos, regresamos, sorteamos un pequeño reguero y un charco de agua que salía de una obra contigua al hotel y de camino nos encontramos con el chapuzas que nos saludaba alegremente desde dicha obra en la que también estaba trabajando, mientras nos decía que ya estaba arreglado el aire así que subimos. Se ve que tuvieron que picar pared y lo dejaron todo sucio, volvimos a bajar para que subieran a limpiarla. La borde, con muy mal humor, subió a buscar a las chicas de la limpieza mientras volvíamos a esperar en unos sofás de recepción. Finalmente nos echamos una siesta con el frescor del aire acondicionado y la habitación limpia.

Se me había olvidado decir que el hotel tenía una piscinita en la azotea y esa misma noche nos dimos un chapuzón en un agua fresca y con unas buenas vistas de la ciudad pero con un fuerte olor a cloro.

Esa noche empezó la primera parte de la función nocturna. Mientras escribía y Tania dormía, los vecinos, sigilosamente, empezaron con débiles gemidos. Poco a poco se fueron viniendo arriba y de sigilosos pasaron a escandalosos y de repente a peligrosos con unos gritos bastante fuertes, hasta acabar ella, llorando, y él marchándose de un portazo…

El tiempo que estuvimos en Bangkok esperando los visados, quisimos hacer algo diferente pues lo más típico ya estaba visto.

Lumphini-Tania´s-Dancing

El parque Lumphini fue lo primero y resultó ser un parque con un estanque muy bonito

Lumphini-Stanque

que tenía hasta varanos.

Lumphini-Var-ano

Todo tipo de gente usa el parque como gimnasio, jóvenes, mayores y medianos; algunos con ropa específica pero, sobre todo, lo hacían con lo que tuviesen por casa, hasta en vaqueros salían a darle a las piernas.

Lumphini-Gym

También había una zona de máquinas de pesas, un tanto oxidadas aunque funcionales.

Lumphini-sports

Pero donde más ejercicio se hacía y un motón de gente a la vez, era bajo las órdenes de un peculiar señor al que podemos llamarle “Philadelphia Light” , cero materia grasa, muy fibrado,

Lumphini-Personaje-deporte

vestido con unos pantalones cortos, una camiseta verde de tirantes, una gorra de camuflaje, unas mangas sin camiseta y un micrófono para dar las indicaciones de cómo, sus adeptos, debían seguirle para hacer unos ejercicios aeróbicos al son de una música a todo volumen que incitaba a darle caña al cuerpo. Había tanta gente que el hombrecillo tenía tres réplicas a lo largo de una buena parte del camino asfaltado que recorría el parque.

Lumphini-cada-uno-a-su-bola

Como no podía ser de otra manera, al ver a toda esa gente y escuchar esa música, no pude evitarlo y de repente mis pies empezaron a moverse, luego las caderas y cuando me quise dar cuenta estaba tratando de seguir un rato a una de sus réplicas. Fue como una clase de Body Combat. En menos de cinco minutos sudé como todo el día.

Lumphini-couple

Lo más sorprendente de todo el tiempo en el parque fue que, en un momento dado, empezó a sonar el himno de Tailandia. Como activados por un interruptor, todos y cada uno de los presentes en aquel parque, cesaron lo que anduviesen haciendo, se pusieron en pie y permanecieron inmóviles hasta que el himno hubo acabado.

Lumphini-Both

El día que tocaba recoger los pasaportes lo planeamos desde primera hora de la mañana para que nos diese tiempo a hacer un montón de cosas, unas necesarias y otras porque si. Al día siguiente queríamos ir a una región al norte de Tailandia y de la que todo el mundo habla bien. Según habíamos leído, el viaje era de catorce horas y fuimos a la estación de bus de Mo Chit a comprar los billetes y pasar de las agencias para el turista que siempre salen bastante más caras. En lugar de coger el metro decidimos ir en el bus urbano, pero con el tráfico de esta capital perdimos un montón de tiempo en llegar a la estación.

Bangkok-Buses

Para largos trayectos, había tres tipos de autobuses: El Barato; que tenía pinta de no llegar a su destino o de tener que volver a hacer contorsionismo para que fuera llevadero. El de Primera Clase; era el doble de caro pero también el doble de cómodo y, para nuestra sorpresa, El VIP; en oferta y nos salía un par de euros más y era aún más cómodo que el de primera, o eso decían, pero no lo sabríamos hasta el día siguiente.

Los comentarios en internet sobre Myanmar acerca de lo mal que va internet en ese país nos hizo ir a la búsqueda de una tienda de libros de segunda mano para comprar una guía. La tienda estaba muy bien, encontramos la guía y nos tomamos allí mismo un par de tés.

Libreria

La odisea de la recogida de los visados era de tres y media a cuatro y media. Esta vez no nos coló nadie y la cola era bastante pequeña, la que estaba fuera, en la calle, porque dentro había el triple de gente. El sol pegaba con fuerza y la cola no avanzaba pese a ver a tailandeses que entraban y salían con los pasaportes en la mano, ellos tenían preferencia. Nos íbamos amontonando en la puerta tratando de pillar la poca sombra que había. El calor nos sofocaba, el agua era caldo, la gente empujaba para entrar y otros para salir. La guía me sirvió de gorra pero no era suficiente para parar ese agobiante calor. Tania consiguió un hueco en el que algo de sombra cogía cerca de la puerta, yo aproveché un desliz de la chica que tenía delante para hacerme con la sombra en la que se cobijaba y me hice el sueco, pero como ella era sueca volví a hacerme el español para que no pensara que la iba a entender si se acordaba de mi familia. La gente se seguía agolpando, el olor a sudor, el aliento de los demás sobre mi nuca, los empujones, codazos eran más alicientes para desear salir de ahí. Unos alemanes muy “listos”, en lugar de esperar como el resto, entraron a la fuerza con su corpulencia y sus feas caras y se colaron descaradamente. Esto nos tocó la moral y Tania dijo “hasta aquí”. Si nadie de los que trabajaban allí ponía un poco de orden, entonces allí primaba “La Ley de la Calle” , “La Ley del más listo” o “La Ley del las Abuelas en la Cola del Mercado”. Mirando al suelo, buscando el hueco y dando culazos a diestro y siniestro, Tania consiguió entrar. Yo estaba atascado pero como la gente se empezó a revolucionar porque no sabían cual era “La Ley del las Abuelas en la Cola del Mercado” aproveché mi momento para entrar al son de “Sorry my girlfriend is inside”. Dentro, el calor era aún peor. Cuando llegué donde Tania, ella ya estaba bastante bien posicionada y hablando con dos personas de la cola como si las conociera de toda la vida mientras esquivaba las miradas asesinas de otras personas que estaban por detrás. Con lo que no contaban los allí presentes era que Tania es la nieta de la creadora de la “Ley del las Abuelas en la Cola del Mercado” y eso hace mucho.

Unas dos horas después de haber llegado, chorreando en sudor y con más hambre que Carpanta, salimos a la calle entre empujones, nos arrodillamos con la piernas un poco abiertas en medio de la carretera, levantamos la cabeza y, alzando al cielo los pasaportes con las dos manos gritamos al unísono “¡LO CONSEGUIMOS!”… Entre los pitidos de los coches que pedían paso, los insultos de los que dejamos atrás en la cola y clamaban venganza, decidimos dejar de hacer el idiota y cogimos el metro para desaparecer y de paso ir a ver el “Erawan Museum”.

En la última parada del metro nos bajamos y allí cogimos un bus sin saber muy bien adonde estábamos yendo y nos daba la sensación de estar dónde Buda perdió su peine y, como tampoco veíamos nada por las ventanas de ese autobús que las tenía llenas de adornos y restregones, íbamos a “ciegas” hasta que uno de los pasajeros que nos había oído decir nuestro destino, nos abrió los ojos cuando nos dijo cuando debíamos bajarnos.

Erawan-Bus

La parada estaba bajo una gran autopista sujetada por vigas de hormigón que no nos dejaban ver gran cosa. Anduvimos unos metros hacia un muro que hacía esquina y que supusimos era el museo y, de repente, la gigantesca figura de un elefante de tres cabezas nos miraba desde arriba.

Erawan-Tri-headed-elefant

A la hora que fuimos la entrada costaba la mitad. El recinto tenía un jardín rodeado por una gran muralla y justo en el centro había un pedestal enorme y redondo en el que estaba erigido el elefante de tres cabezas. Las medidas de aquella monstruosidad eran… así a ojo: treinta y nueve metros de alto por veintinueve de ancho y pesaba unas doscientas cincuenta toneladas de bronce que, más los quince metros que medía el pedestal, sumaban una burrada de metros. El lugar era increíble pero la cosa no acaba ahí porque el interior de aquello no era menos impresionante que el exterior.

Erawan-centro-escalera

El museo, bueno, digo museo porque lo llaman así, para nosotros era más bien un templo, era la representación Hindú del Universo que constaba de tres alturas:

La primera planta representa el “UnderWorld” y en él se muestran unas vasijas de las Dinastías Ming y Qing. En las paredes y columnas están grabadas minuciosamente las tres grandes religiones con parte de su historia.

Erawan-Detalle-Budista

La segunda planta, a la que subes por unas escaleras de caracol que tienen grabadas a todo detalle un par de dragones, representa a la tierra o al mundo humano y hay detalles en cerámicas al estilo europeo.

Erawan-Stairs

La tercera planta, que se encuentra en el estómago del elefante, representa el cielo.

Erawan-pintadas

En su techo están dibujadas las constelaciones que se ven desde la cima del monte Meru según la cosmología Budista. A parte de las constelaciones, en este nivel hay diversos Budas de diversos tamaños.

Erawan-Vidriera-CAnon

Nos liamos a hacer fotos por todos lados, había tantas cosas por retratar que no se si nos iban a caber todas en la memoria de la cámara. En estos sitios cada uno va mirando a su ritmo y nos vamos comentando las cosas que más nos llaman la atención. En un momento dado, mientras tomaba fotos de la segunda planta, oí a Tania decirme medio susurrando bajo algo desde la tercera:

– Juan sube corre, que aquí están dando una especie de misa.

Erawan-Misa

A medida que iba subiendo se oía en aumento algo como un rezo. Al llegar, vi a Tania que estaba de rodillas en una alfombra individual con un libro cerrado delante de ella, ocho personas que rezaban en la misma postura pero con el libro abierto y un budista sentado en un altillo a la izquierda de una gran figura de Buda que me miraba con sus grandes ojos a media asta. Cuatro mujeres que estaban a mi derecha me miraron con una amplia sonrisa y me indicaron que me sentara al lado de Tania.

– En cuanto he subido el budista me ha dicho, insistiendo, que me sentase y nada, qué iba a hacer.

Erawan-Monk

Ante las curiosas miradas, de reojo algunos y descaradas de otros, fuimos en cierto modo partícipes de una “misa” budista, si se puede llamar así, en la que uno de los allí presentes sentados en el suelo, cogió el libro y empezó a leerlo, o mejor dicho a recitarlo, mientras el resto iba repitiendo, a modo de coro, el final de la frase que el primero había pronunciado.

Erawan-Lámpara-y-Vidriera

Con gestos, pregunté si podíamos hacer alguna foto y todos, muy sonrientes, asintieron. Llegó el turno del budista que, con su profunda voz, que retumbaba por todo el museo, leyó otra parte del libro con el mismo coro.

Erawan-detalle-figura

En un principio pensamos, al menos yo, que no sería muy largo el asunto pero al caer en que estaban recitando el libro que teníamos delante y que tenía bastante páginas, en cuanto vimos la oportunidad y recobramos la movilidad de unas piernas dormidas por la postura, nos levantamos y con todos nuestros respetos nos marchamos al son de la voz del budista que se oía desde fuera y que nos dejó flipados con la acústica del lugar, hasta que caímos en que había unos altavoces muy bien escondidos.

¿Recordáis que antes vimos un charco y un reguero de agua que salía de la obra al lado de nuestro hotel? Pues había Digi-Evolucionado a laguito y rio y, por lo que parecía, la parte del laguito debía desaparecer. Metido hasta la cintura había un hombrecillo achicando agua con las manos mientras los compañeros se mofaban de él… se ve que quien la rompe, la paga.

¡Damas y Caballeros! Con todos ustedes, a las dos y uno de la mañana, dará comienzo la segunda parte de la función nocturna…

01:58. Ambos dormíamos plácidamente, el aire acondicionado acondicionaba estupendamente y las sábanas nos envolvían suavemente…

02:01. Un golpe muy fuerte en la pared me despertó. Tania se removió sobre sí misma pero siguió durmiendo. Cuando los ojos se me empezaban a cerrar unas voces en un tono para nada conciliador entraron en escena. La pareja de ayer estaba de nuevo en la habitación pero esta vez no era para acabar gimiendo. Las voces se empezaron a pisar la una a la otra en un tono más elevado que la anterior para acabar, la varonil, saliendo de la habitación dando un portazo. A partir de ese momento Tania se despertó alterada y desconcertada:

-¿Qué ha sido eso?.

-Los de al lado que estaban discutiendo y él se ha pirado de un portazo.

Oímos los sollozos de la desconsolada mujer mientras el silencio reinaba en nuestra habitación. Nuestras mentes se dejaban llevar con todo tipo de elucubraciones acerca de lo ocurrido, y con tan solo la mirada nos lo decíamos todo, desde lo más normal; “Él la ha dejado”, hasta la más peliculera; “Ella es tailandesa y se había enamorado de un europeo corpulento, a juzgar por el tono de su voz, que le había prometido llevarla a Europa para sacarla de la prostitución pero sólo se aprovechó de ella…” . Todas las historias las acabábamos con la frase: “Pobrecilla, que cabrón el tipo aquel”. Pero a medida que avanzaba la noche y la mujer no paraba de sollozar, llamar por teléfono a alguien para contarle todo entre llantos, gritar como una loca diciendo algo así como “Moooogaaaay”, tirar cosas de cristal contra la pared volviendo a gritar, dar portazos y todo el escandalo que os podáis imaginar, los pensamientos de: “Pobrecilla” pasaron a: “Por favor que se calle ya la histérica esta” o “No me extraña que la dejase, que pestiño de tía” y cosas así y es que no nos dejó pegar ojo en toda la noche. Justo cuando recuperábamos el sueño: “Mogay… Mooooogaaaay” y de nuevo ruidos como de cosas que tiraba.

A las siete de la mañana sonaba nuestro despertador pero no recordaba que hubiésemos puesto el sonido de: “Mogaaay; Moooooogaaaaaay”, la vecina se despertó con el sonido de nuestro móvil y lo primero que le vino a la mente es esa palabra. Hicimos rápido las mochilas y nos fuimos para no saber nada más de ella aunque cuando salimos no pudimos evitar ver dónde estaba su puerta y en el suelo del pasillo vimos un montón de cristales por el suelo, colillas y envoltorios de preservativos.

Al final, el autobús de primera clase que

Bus-Chiang-Mai-

habíamos pillado, tenía asientos anchos y reclinables casi hasta tumbarse, con almohada, manta, agua; tenía hasta azafata

Bus-Chian-Mai-Azafata

que nos dio de picar un par de bollitos;

Bus-Chiang-Mai-Bollos

teníamos una mini pantalla cada uno en la que vimos alguna peli que otra con los auriculares que nos dieron y el billete incluía la comida al medido día en un restaurante de carretera que estaba bastante bien.

Bus-CHiang-Mai-Lunch-Stop

De esta manera, las catorce horas de viaje las pasamos en un suspiro y llegamos a nuestro destino sin estar doloridos, con el estómago lleno y con ganas de ver la antigua capital del Reino de Lanna; CHIANG MAI.

1 Comentario

  1. Vuestros padres

    08/04/2015 at 20:19

    Nos ha encantado el Museo con celebración incluida y nos hemos reído mogollón con las vicisitudes para conseguir los visados. El ver las cosas con humor hace que os lo paséis mejor. Menos mal que al final, la vecina del hotel no acabó asesinada como ocurre en otros países. ¡Ah! muchos saludos a la nieta de la “abuela del mercado” pues gracias a sus culaditas, pudisteis entrar y dejasteis de pasar calor. Seguid informándonos de vuestro periplo porque es divertidísimo. Besotes.

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