Nos vamos a dar una vuelta

Nuestros Viajes

Parque Nacional Erawan.

Los autobuses para Erawan salían cada veinte minutos desde Kanchanabury Bus Station. Así pues, no hacía falta que madrugáramos mucho. A la una de la tarde era buena hora… No, en serio, como dije en la anterior entrada a las nueve de la mañana ya estamos en pie y si bien no hacía falta que estuviéramos muy pendientes de las horas de salida, si teníamos que tener en cuenta que el último bus de vuelta era el de las cuatro y media, por lo que si queríamos ver todo el parque tampoco podíamos llegar muy tarde.

Desayunamos unas cuentas tostadas con Té y tiramos millas a la estación, que no estaba muy lejos… en tuc-tuc y menos mal que cogimos uno que si no a saber a qué hora hubiéramos llegado. La estación era… como describirlo… estaba a la altura de los autobuses, variopinta. Era pequeñita y de colores y, como toda estación de autobuses que se precie, llena de gente rara.

Lo curioso de este país es que la gente que no está haciendo algo específico está durmiendo en los lugares más inconcebibles que os podáis imaginar y es que no me extraña, con el calorcito que hace, a nada que estés un rato parado te entra un sueño… y una estación de autobuses, que tiene sombra todo el día, que está abierta y corre el viento, pues es un buen sitio para una siesta.

Nos indicaron que los tickets se pillaban en el mismo autobús. Al acercarnos a la “dársena” una pareja de españoles nos dijeron que si íbamos a Erawan ahí era, pero que salía a las diez y media. Quedaban tres cuartos de hora. Para que te fíes de internet.

Para no esperar y que nos entrara sueño, decidimos aprovechar e ir en busca de alguna casa de cambio de moneda, que por cierto ¿sabéis de alguna casa de cambio de moneda en España en la ciudad en la que vivís? Yo trato de hacer memoria y no caigo en ninguna. Alrededor de la estación no encontramos ninguna casa propiamente para eso pero si que encontramos un banco y entramos a preguntar al guardia que había en la puerta. Aquel hombrecillo parecía de todo menos seguridad de un banco, aunque seguro que si hace falta te pega dos codazos o dos rodillazos en la cabeza a lo Muay Thai que te deja tonto… ¡Toma topicazo! Estoy seguro de que NO todos los Tailandeses saben Muay Thai, NI que todos los Chinos saben Karate o hacer un buen rollito de primavera tal y como yo NO sé bailar Flamenco, Torear o hacer una buena tortilla de patatas. Lo que seguro que no sabía ese hombre era hablar inglés. Pero tampoco le culpo de ello, debería haber intentado preguntarle eso en su idioma pero… El hombre, con una sonrisa de oreja a oreja nos invitó a pasar y a preguntar a sus compañeros que sí sabían inglés. El proceso para cambiar fue bastante largo, teniendo que rellenar un par de papeles, hablar con uno, con otra y por último con la de ventanilla que por fin nos dio el dinero. Al salir, de nuevo el hombrecillo nos despidió con una sonrisa enorme y he llegado a la conclusión de que a malos entendedores buenas sonrisas bastan…

De camino a la estación intentamos dilucidar de dónde era esa pareja de españoles. Yo decía que ella era argentina y él canario. Tania que ambos eran canarios. Puestos de acuerdo en que algo de canarios tenían, había que tratar de saber de qué isla pero debíamos escucharles un poco más.

Bus-parte-delantera

Al llegar a la estación ya estaba el bus esperando con las puertas abiertas. El conductor delgadito, como la mayor parte de los tailandeses, nos cobró, nos dijo que subiéramos y así lo hicimos. El autobús por dentro era tal y como esperábamos que fuera, pequeño, estrecho y pintoresco. Menos mal que ambos somos menudos y nos acoplamos bien en espacios pequeños, pero una persona un poco alta las pasaría canutas para meter las piernas sin que las rodillas le toquen las orejas.

Bus,-con-ventilador

Hacía calor ahí dentro parados. A cinco minutos de salir bajé corriendo a comprar una botella de agua porque la hora y media, casi dos, que nos quedaban en ese bus y sin agua, hubieran sido trago difícil de pasar.

Bus-mirando-por-ventana

El bus se llenó y arrancó con las puertas abiertas, lo que no sabemos es si el conductor lo hizo aposta para que entrase un poco de aire o porque las puertas no funcionaban, nos decantamos por una unión de las dos. Al lado de la puerta delantera había dos niños franceses de nueve años o así y sus padres a su derecha que no quitaban ojo a sus hijos con preocupación, pero que ninguno de ellos se levantó para cambiarles el sitio.

Carretera-al-Parque

Justo detrás de nosotros teníamos a los españoles. Canarión o Chicharrero él pero para nosotros que tiraba más para Tenerife. Ella tenía un acento raro que nos despistaba y eso que íbamos cruzando alguna que otra palabra con ellos durante el camino. Sobre todo cuando, de repente, el bus paró en una gasolinera a repostar.

Bus-en-la-carretera

El conductor y el de la gasolinera hicieron levantar a los niños de la puerta porque, según parecía, justo ahí, estaba el agujero del depósito. Nos hizo mucha gracia la situación pero aún más cuando me di cuenta de que el autobús estaba en marcha y aún así seguían repostando, el conductor sacó el móvil y se puso a hablar y aún así seguían repostando, el de la gasolinera se sacó un cigarro y lo encendió con un coctel molotov y aún así seguían repostando… me rio yo de los “Cazadores de Mitos”… Obviamente, lo último es broma pero si que seguía el motor del bus en marcha mientras llenaban el deposito. Que digo yo que el conductor pensaría: “con lo que me ha costado arrancarlo… como para pararlo por minucias como esa”. Tendríais que haber visto la cara de los franceses…

Bus-Repostando

El trayecto, contra todo pronóotico, fue tranquilo y sin incidencias. Lo que nos preguntábamos antes de coger el bus era, cómo serían las carreteras para que tardara todo ese tiempo en recorrer una distancia no tan larga. La respuesta no estaba en las carreteras en sí, si no en el bus, que cada vez que subía una cuesta parecía que se quedaba sin fuelle y cuanto más cerca del final, más lento iba. Pero las bajadas no creáis que eran mejores; a mi me recordaba a mi pobre coche, que cuando pasaba de noventa temblaba la carrocería como si fuera a doscientos y los coches de atrás tenían que ir esquivando tornillos y cachos que se iban descolgando. Como aquella vez que perdí una de las luces antiniebla. Menudo susto y menudo coche. Creo que podría escribir un blog sólo con el. Guardemos unas líneas de silencio por Humphrey…

 

 

 

Al fin, llegamos al parking del Parque y bajamos casi corriendo para ir al baño a ritmo de la cantinela del conductor “The last bus is at 16:30”.

Cartel-parque

Tras aligerar vejigas empezamos la caminata.

Camino-a-las-Cascadas

En realidad no sabíamos mucho acerca de lo que íbamos a ver, tan sólo, y todo por unos fotos en internet, que había unas cascadas en las que te podías bañar.

Cascada

Lo que no sabíamos, hasta que llegamos, era que la excursión en sí, consistía en remontar el río por un camino que nos iba llevando por las pozas que las cascadas creaban.

Cascada-4

En total había siete tramos a recorrer con sus siete cascadas en las que poder bañarse.

Cascada-6

Cada tramo era más empinado que el anterior y la cascada más bonita que la que le precedía.

Tania-SelvaCascada-1

La primera, donde la poza era más extensa, parecía la Malvarrosa de Valencia en pleno agosto.

Gente-en-1ªpoza

 

Sólo faltaban el Dúo Sacapuntas diciendo: “¿Cómo estaba la Poza?… Abarrotá”.

Tania-Peces-Pozas

Y no tan sólo de gente, si no también de peces, de peces enormes y tan acostumbrados a que la gente les tire comida que en cuanto metes la uña del dedo gordo del pié ya están ahí rondándote mientras que los más pequeños te mordisquean los pies directamente.

Cruzando-el-tronco
Sentado-en-Tronco

Cruzando-tronco-concentrado

En el principio del camino estaban los, llamémosle “Aseguradores de Regreso de Plásticos” o para abreviar “A.R.P.” que hacían lo que su nombre indica, asegurarse de que si subías con una botella de plástico volvieras con ella vacía bajo el brazo. Los ARP estaban justo donde empezaba el camino, bajo un gran techo sujetado por cuatro columnas. Ellos eran tres y estaban estratégicamente dispuestos para que nadie colase una botella sin pasar por mostrador, dos detrás de este y uno justo donde empezaba el camino. Había que dejar veinte Bahts a modo de depósito que sólo te devolvían si bajabas con la botella en la que te ponían un número. Se tomaban su trabajo muy en serio y eran implacables, hasta hicieron bajar a gritos a unos rápidos alemanes que intentaron hacerse los suecos. El control que llevaban no me pareció para nada excesivo, sabiendo como se las gasta el turista con la basura. Lo que realmente me molesta es que se tenga que llegar hasta esos extremos para evitar que la gente sea una cerda de cuidado.

Como había mucha cola para pasar por el mostrador y como somos tan duros, nos bebimos la botella de un trago, la tiramos al suelo… que no, fue a la basura y empezamos el “ascenso”.

En la segunda poza intenté darme un baño pero me daban bastante mal rollo esos peces y al final lo dejé para una poza de las últimas que no sé si habría menos peces pero por lo menos no habría tanto guiri.

 

Poza,-pensando-entrar

El camino era precioso por medio de toda esa vegetación, pero la paliza de subir con ese calor lo enturbiaba un poco.

Cascada-2

Cuando llegamos a la sexta Tania dijo basta, estaba hecha polvo y se quedó esperando a que yo subiera a la última, tirara unas fotos y bajara a por ella y así lo hice. Subí, tiré y cuando iba a bajar me encuentro que al final Tania había subido y me había estado viendo cómo me metía por un lado y por otro para sacar unas fotos.

Juan-Cascada-atrás

El descenso, pese a ser un rompe rodillas fue bastante más liviano y, creo que fue en la quinta, me di un bañito sin fijarme mucho en si había pezones (peces grandes) o no.

Poza-Baño-indeciso

Saltando-al-agua

En-el-agua

En un momento dado caí en que no habíamos visto monos y fue cuando Tania me señaló unos árboles y ahí había una familia de monitos que no nos hicieron el menor caso de lo acostumbrados que están al ser humano.

Mirando-Monitos!!

Monitos

Entre monos, cascadas, árboles, lianas,

Liana

mosquitos y todo el Pack Selva de la Señorita Pepis,

Chef-de-la-Jungla

el tiempo se nos fue volando y a las cuatro ya estábamos en el bus de vuelta.

Autobus-vuelta

Nosotros y chorrocientas personas más que también la habían dejado para el último momento, como los canarios, con los que estuvimos hablando todo el camino a Kanchanabury sentados en el suelo del bus un tanto apretados. Y si, él era de Tenerife y ella de Suiza pero que llevaba quince años allí también y de ahí el acento raro. Ellos hablaban de su isla como la mejor para estar, nosotros, sabíamos que estaban equivocados y defendimos la nuestra a capa y espada y es que somos Canariones hasta la médula… Pese a esas diferencias isleñas sin malos rollos, pasamos un rato agradable con ellos contándonos batallitas de viaje.

Lo bueno de estos autobuses es que cuando quieres bajarte, tocas el timbre y se paran donde les pille y nosotros, al reconocer una parte del camino que nos quedaba más cerca del hotel que la parada de bus, tocamos, nos despedimos y bajamos.

La excursión había sido interesante, divertida pero sobre todo, cansada y, aunque al día siguiente nos esperaba un buen madrugón para coger el primer tren para Bangkok a las siete de la mañana, os aseguro que esa noche dormimos como dos críos después de un día en el parque acuático.

los-dos-poza-dos

1 Comentario

  1. que chulada, pero que bien os lo pasáis!!! lo del bus si ya se ve que se lleno Tania contra el cristal incluido…jajaja o eras tu quien se ponía cómodon?

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